Chavín y el ocaso de la tradición de grandes templos piramidales

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Chavin y templos

La percepción  de chavín y de sus tiempos (aprox. XIII – IV a,C.) que tenemos hoy gracias a investigaciones recientes  es diametralmente distinta de la que tuvo en sus obras  pioneras  Julio c. telLo. para el gran estudioso, el fenómeno chavín se constituía en la cultura matriz, en una gran civilización primigenia de la que descendían  todas las demás civilizaciones prehispánicas en los andes. hoy sabemos que la época de chavín  no es el comienzo sino el fin del largo proceso  de desarrollo que se inicia  más de dos mil años antes de la construcción del templo y que es cortado por una gran transformación social: el surgimiento de una cultura eminentemente guerrera en el contexto de la aparición en la sierra y en la costa norte de poblaciones diestras en La cría  de camélidos, en metalurgia y en el trabajo de obsidiana.

Si bien  el debate continua, queda cada vez más claro que el templo monumental en Chavín de Huántar ha sido un lugar de encuentro de representantes de poblaciones de variado origen. Los peregrinos de la costa, entre Lambayeque e Ica, de la sierra entre Cajamarca y Ayacucho, y de la ceja de selva, verbigracia  Kotosh se congregaban periódicamente en las plazas frente al templo luego de haber caminado 700 km y más. Gracias a cientos de años de contactos e intercambio de productos decorados con imágenes desde el Periodo Precerámico, los peregrinos entendían con cierta facilidad los símbolos y las narraciones religiosas representadas en la cerámica y en las paredes del templo sobre las orillas del río Mosna. Ellos mismos no sólo traían vasijas y otros objetos decorados, hechas en su terruño, para depositarlas luego en las galerías escondidas al interior de las plataformas del templo (véase la Galería de Ofrendas), sino que a veces las fabricaban en los campamentos dispues- tos en la cercanía de los espacios rituales. Makowski cree también que varios advenedizos participaron en la confección de esculturas que decoraban el templo. Entre variados estilos que se puede reconocer  en estas obras el lugar preponderante tiene el estilo Cupisnique.

A diferencia de Chavín mismo, Cupisnique podría definirse como la expresión material de la ideología, cultura y estilo de vida de un pueblo consciente de su identidad respecto a demás poblaciones vecinas, conforme con la intuición precursora de Rafael Larco, y dada la coherente unidad de estilo, iconografía, arquitectura y comportamientos funerarios. La cultura Cupisnique se desarrolló entre los valles de Jequetepeque y Moche. No obstante su área de influencia se extiende mucho más hacia al norte llegando a Piura. En el sur, en el valle de Nepeña donde se conocía  anteriormente otro centro ceremonial Cupisnique en Ce- rro Blanco se acaba de descubrir un templo decorado con relieves monumentales en este mismo  estilo en la Huaca Partida. Huaca de los Reyes (aprox. 1500 – 800 a.C.) en el complejo de Caballo Muerto fue probable centro religioso y político principal Cupisnique. Se trata de un conjunto de complejidad arquitectónica mayor que Chavín de Huantar y extensión similar (aprox. 46,920 m2), en cuya construcción  se ha usado un mínimo de 349,924 días hombre de trabajo. Lo que más impacta en el plano del complejo  es su planificación.  Dos pares de pirámides idénticas se distribuyen simétricamente de ambos lados del eje central, conformado por la pirámide principal y una amplia plaza rectangular hundida a sus pies. En las cimas, salas hipóstilicas llevan a atrios sagrados. Esculturas tridimensionales de tamaño sobrenatural y relieves policromados decoraban la fachada. Las poblaciones  Cupisnique fundaron importante centro ceremonial en la sierra de Cajamarca, Kunturhuasi. – Tanto en Kunturhuasi y como recientemente en Pacopampa  se ha descubierto tumbas de líderes re- ligiosos y sus probables familiares sepultados en el templo mismo. Los ajuares comprende suntuosas coronas, pectorales y orejeras de oro repujado, collares con cuentas de Spond- ylus sp., jaspe, crisocola, concha entera de Strombus sp. con incisiones figurativas, y vasijas escultóricas. Si bien estos descubrimientos tienen antecedentes que llevan hasta el fin del Periodo Precerámico, antes de Cupisnique los líderes tuvieron, al parecer el carácter dife- rente, a juzgar por lo que se ha encontrado en sus tumbas. Se trata de mujeres ancianas y desdentadas con atributos de shaman (San Juanito) o de diestros pescadores y cazadoras de fauna marina (Mina Perdida).

Chavín de Huantar se encuentra en el fondo de un estrecho valle serrano, sobre la altura de 3,150m, a medio camino entre la costa del Pacífico y la Ceja de Selva. Sus antecedentes no están aún esclarecidos. Entre s. IX y IV a.C. a raíz de consecutivas ampliaciones el edificio había adquirido la forma definitiva en la que su unen dos tradiciones arquitectónicas dife- rentes. El segmento meridional tiene el diseño característico para la arquitectura norteña, la de una alta pirámide (min. 16m), cuadrada con ambientes en su cima y varias plazas rectan- gulares hundidas, dispuestas en un solo eje a sus pies. En cambio el segmento septentrional repite el diseño del atrio en U con una plaza circular hundida. Estas últimas características se repiten en la Costa Central. Los dos segmentos están unidos y dos alas rectangulares fue- ron agregados cerrando el amplio espacio frente a ambas fachadas. Todo el conjunto está construido sobre aterrazamientos artificiales. Para las pirámides  se usó finas lajas de grani- to, arenisca y calcario. Las plazas y las fachadas recibieron variada decoración escultórica, compuestas de relieves, y esculturas en bulto empotradas en las paredes, conocidas como cabezas-clavas. Al interior de ambos edificios  se encuentra un laberinto de 14 galerías. Dos de ellas, sobrepuestas  en diferentes niveles forman una cruz y trazan ejes de simetría del cuerpo central en el Templo Antiguo. La más profunda de ellas esconde aún hoy una de las imágenes de culto, el Lanzón. Algunas de las galerías contenían depósitos rituales en cerámica, comida y conchas importadas desde el Ecuador. Las excavaciones demostraron que a lado del templo se extendían amplios asentamientos. En uno de ellos, situado cerca de la entrada abundaban evidencias de uso de materias primas y comidas importadas. La exten- sión de aquellos asentamientos se estaba ampliando con el tiempo, lo que fue interpretado como indicio de posible desarrollo proto-urbano. Hay que mencionar, sin embargo, que la sobreposición de grandes campamentos de peregrinos, procedentes de tierras lejanas, y de talleres de artesanos ambulantes, locales y foráneos que producen ex-vota, puede de- jar vestigios similares.

Una cosmovisión sumamente compleja y bien organizada, se refleja en la organización espacial y en la iconografía del templo. Confrontando entre sí las imágenes  de la plaza cir- cular hundida en el Templo Antiguo, del Lanzón y del Obelisco Tello, así como en el Pórtico Blanco y Negro del Templo Nuevo. Makowski intenta reconstruir las relaciones entre las dei- dades veneradas en Chavín de la siguiente. Los peregrinos venerarían en el templo a:

  1. Una pareja de dioses animadores representados bajo la forma de dragones de sexos opuestos, medio cocodrilos o caimanes, medio aves; los dioses están unidos en rela- ción sexual, en cuyo resultado fuentes, ríos y plantas empiezan a brotar de los todos los orificios en sus cuerpos (Obelisco Tello).
  1. Cuatro parejas de divinidades antropomorfas, dos aladas, dos con caras de serpientes, dos con caras de felino y tocado radiante y dos con cara de lagarto y dos penachos (varias esculturas); a juzgar por los gestos y ubicación dentro de los cuerpos de dragones, que simbolizan metafóricamente a la tierra animada, aquello seres se desempeñan como dioses ordenadores y mediadores en las dos mitades y cuatro partes del universo.
  1. Un número indeterminado (quizás 28) de divinidades de menor rango o ancestros re- presentados bajo el aspecto de híbridos antropomorfos con rasgos de felinos, reptiles y aves. Tentativamente podría tratarse, en este caso, de dioses ancestrales de las etnías y linajes que se sometieron a la autoridad del templo (relieves de la plaza circular hun- dida en el Templo Antiguo).
  1. Encarnaciones de las divinidades supremas cuando estas se manifiestan entre los mortales: felinos, aves, ofidios, peces, insectos, moluscos hibridizados (relieves de las plazas y de las fachadas).
  1. Imágenes de muertos que emprenden el camino similar a los que experimentan los chamanes en el vuelo extático después de haber ingerido los alucinógenos: emiten abundante flujo de la nariz, su cara adopta rasgos felínicos y los cabellos se transfor- man en serpientes (cabezas clavas en las fachadas).

Las características del templo, el estilo y la iconografía proporcionan un buen susten- ta a la interpretación de Chavín de Huántar como el centro de una exitosa confederación religiosa. Gracias a su ubicación en la periferia de las regiones densamente pobladas y de- sarrolladas pero en el importante cruce de caminos Chavín como templo y oráculo pudo.

garantizar la paz, asegurar el libre tránsito e intercambio en las tierras ajenas y asimismo dar un fundamento adicional  a la legitimidad del poder que ejercían gobernantes locales. Estos regresaban con objetos exóticos, con nuevos contactos, como miembros de una poderosa organización cuya validez fue sancionada por dioses propios y ajenos.

No es de extrañar que cuando Chavín de Huántar quedó abandonado y ocupado por simples campesinos por el siglo  IV a.C. los arqueólogos registran el brusco aumento de in- seguridad y violencia. Una miríada de estilos de cerámica locales remplaza la relativa unifor- midad de la tradición chavín-cupisnique.

Chavín en Culebras y Huarmey: el Periodo Panteón (1000 – 350 a.C.)

Existe un consenso de que entre los años 1200 y 800 a.C. se dejó de construir la mayoría de los templos grandes de la costa norte. Luego los monumentales edificios aterrazados quedaron remplazados por arquitectura ceremonial de otro tipo. Los elementos culturales costeños, tales como la cerámica ceremonial y la iconografía  cupisnique  se difunden hacia la sierra, donde los nuevos templos de chavín de Huantar y Kunturwasi ingresan a su perio- do de auge. Este fenómeno se debería, por lo menos en una parte, a los cambios climáticos y ambientales en la costa, relacionados con la ocurrencia de los eventos PaleoEnso.

Hasta la fecha, en el valle del río Culebras se identificaron 14 sitios del período Panteón, entre ellos 8 asentamientos, 3 cementerios y 3 sitios fortificados. Respecto a la repartición espacial, 6 sitios están distribuidos en la margen derecha y 8 en la margen izquierda del río. Podemos notar también una distribución homogénea de los yacimientos dentro del sector estudiado.

La extensión de los asentamientos es más o menos uniforme y no supera una hectárea de superficie. Los únicos sitios con arquitectura compleja son las fortalezas ubicadas en las cimas de los cerros situados en la parte media-alta del valle. El sitio más relevante que podría cumplir el papel de centro público primario de la época es la fortaleza Panteón III, ubicada en la cima del cerro Junco chico. Se compone de un conjunto de edificios construi- dos en piedras unidos con argamasa, ubicados en las terrazas artificiales y cercados por un sistema de murallas concéntricas.

El principal componente cerámico del periodo Panteón consta de alfarería simple, ma- yormente de uso doméstico (ollas sin cuello, cuencos, vasijas de borde ancho y rallado- res). En la decoración destacan formas geométricas, como círculos y puntos estampados, punteado en zonas, pintado inciso e impreso de red. Tanto las formas, como las técnicas decorativas, constituyen el diagnóstico de la alfarería de la época tardía del período Hori- zonte temprano. La encontramos en una serie de sitios, en variada frecuencia y una amplia gama de formas; solo para dar un ejemplo citaremos: alfarería del estilo Chavín-Janabarriu, de Chavín de Huantar, cerámica del periodo Kotoshchavín de Kotosh, alfarería temprana de Supe y Ancón, o cerámica del periodo Guañape del valle de Virú. En este contexto, es de suponer que los sitios del período Panteón provienen de una época que procedió a los drásticos cambios paleo-climáticos sucedidos en los albores del primer milenio a.C, y se asocian a las manifestaciones  tempranas de una nueva y totalmente diferente modalidad de organización social.

En la costa norte, en particular los valles de Casma y Culebras, cumplían un rol muy im- portante en este período, formando uno de los principales focos del poder en la zona. Las “fortalezas” de Chankillo y Castillo de Ampanú son los centros fortificados más imponentes de la época en la escala interregional. : Los muros fortificados de Ampanú son una claras muestras del nuevo orden social que surgión después de la caída, quizá dogmática  de los Chavín- Cupisnique. Los valles de Culebras y Huarmey conforman una propia autonomía administrativa y construyen  sus propios templos, abandonando por completo religiosos Chavín.

El Pedregal, su ubicación escondida, al abrigo de una pequeña quebrada seca, han per- mitido que se conserve casi en su totalidad. Su patrón arquitectónico manifiestan la presen- cia de los Chavín-Cupisnique en el valle de Huarmey.

El ocaso de Chavín y el nacimiento de la sociedad guerrera

En el trascurso de los últimos cincuenta  años, las excavaciones y los estudios analíticos han puesto énfasis en el periodo entre 2600 a 400-200  a. de C (Chavín, Cupisnique  y sus antecedentes) y también  en el periodo entre 400 a 1000 d.C. (el auge de estados e imperios regionales prehistóricos). De esta manera quedó con relativamente poca atención el perio- do intermedio que puede extenderse hasta mil años de duración. El lapso de tiempo men- cionado encierra no solo las causas del ocaso de Chavín y Cupisnique, sino también las cir- cunstancias en las que se formaron las particulares condiciones sociales, tecnológicas y económicas que explican el origen y la evolución de los estados andinos prehistóricos.

El periodo en cuestión marca el fin de la larga tradición de la arquitectura monumen- tal y las características iconográficas del «Horizonte Chavín», ambas originarias  del Periodo Precerámico Tardío. En este periodo, cambian sustancialmente las tecnologías alfareras, me- talúrgicas y textiles, y se incrementa drásticamente la presencia de obsidiana de fuentes su- reñas  . Es en este periodo que se originan  las aleaciones intencionales de cobre con oro y plata, así como los métodos de dorado y plateado; también surgen las técnicas de tapiz, de la tela doble y del bordado con hilos de lana, entre varias innovaciones en materia de tejido y teñido de fibras. No cabe duda que el nacimiento de las prolíficas iconografías, que guardan muy pocas reminiscencias del periodo anterior, está condicionado por ese de- sarrollo tecnológico. Por otro lado, podría afirmarse que la mayoría de inventos y mejoras tecnológicas relevantes para el desarrollo de Chimor y del Tahuantinsuyu fueron concebidos, o por lo menos difundidos, en los últimos siglos de la era pasada. Contrariamente entonces a los postulados de Tello, el periodo parcialmente olvidado posterior a Chavín habría contribuido mucho más que el de las culturas Chavín y Cupisnique al desarrollo de las civilizaciones andinas.

El cambio  no atañe solo a las tecnologías y a las iconografías. Se modifican también las maneras de concebir la casa y los espacios públicos. No cabe duda que las poblaciones que contribuyeron a esta transformación  tuvieron hábitos y conocimientos diferentes de quienes las precedieron. Tampoco respetaron a las deidades de antaño puesto que cons- truyeron sus aldeas en los atrios de los santuarios de Chavín y Kunturhuasi.  El repertorio de imágenes que aluden al mundo sobrenatural, y que fue creado por ellos, no guarda relación con la iconografía previa salvo por las fauces del felino y algunos pocos arcaísmos premeditados. En la costa y sierra norte se deja de construir pirámides con atrio y estas son reemplazadas por salas de banquetes con patios rodeados de pórticos y pequeños templos en forma de recintos protegidos por imponentes murallas. Huambacho  (Casma) y Pampa Chica por un lado (Lurín), y Chankillo (Casma) y Castillo de Ampanu (Culebras) son buenos ejemplos de los dos tipos de complejos arquitectónicos. Los dramáticos  cambios en los há- bitos alimenticios se expresan, entre otros, en el notable incremento en la producción y en el consumo de maíz (Zea mays). La chicha de jora de maíz parece remplazar otras bebidas fermentadas como la de yuca (Manihot esculenta). La difusión  de la cría de camélidos en la sierra norte y a lo largo de la costa repercute en el aumento del consumo de carne. Existen varios indicios de que estas dramáticas transformaciones, que ocurrieron de manera simul- tánea en territorios muy vastos, se explican  por el incremento generalizado de la movilidad interregional, sin duda facilitada por los adelantos tecnológicos de los agricultores y pasto- res de camélidos que proceden de áreas periféricas al área cultural Chavín-Cupisnique, en particular de la sierra sur. En general, las relaciones sierra-costa y los intercambios a larga distancia parecen intensificarse y alcanzan niveles mayores que en el periodo anterior.

 

la guerra ritualizada y la sociedad guerrera

Una de las características más saltantes de la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo y del inicio del primer milenio después de Cristo en los Andes Centrales es la ins- titucionalización bajo diferentes formas de la violencia en las relaciones sociales. Su expre- sión material inmediata y más difundida es la repentina aparición de armas de guerra, en particular de las cabezas de porra, hechas de piedra e incluso de cobre vaciado, que antes prácticamente no existían. Estas evidencias  de armas provienen de áreas en las que hay otros indicios de conflictos latentes entre grupos e individuos. La figura humana armada y ricamente ataviada —la de un guerrero— se empieza a difundir también en los repertorios iconográficos de la costa y de la sierra (Fig.). Sus únicos antecedentes, muy excepcionales por cierto, están en los relieves de Cerro Sechín y de Chavín de Huántar. Estas evidencias de armas provienen de áreas en las que hay otros indicios de conflictos latentes entre grupos e individuos. En varios valles de la costa se construyen imponentes templos fortifi- cados y fortalezas. Hay un masivo traslado de asentamientos completos  a las terrazas que dominan visualmente el valle e incluso  a las cimas En algunos  casos, como  en Cerro Arena (valle de Moche), grandes asentamientos ocupados de manera permanente se convierten en inexpugnables fortalezas.

Durante este período, surgieron nuevos centros de gran envergadura relacionados con una nueva y diferente modalidad de organización social, todos comparten una caracterís- tica resaltante, la aparición de fortificaciones en lugares estratégicos (San Diego en el valle de Casma o Huambacho en el valle de Nepeña).

Los contactos entre las poblaciones de la costa y la sierra de ese entonces parecen haber sido más fluidos que en los siglos anteriores. la penetración gradual de poblaciones asenta- das en las periferias del mundo chavín-cupisnique trajo nuevas tecnologías, un crecimiento poblacional, nuevas instituciones de la guerra, mejor manejo agrario y nuevos patrones de consumo relacionados con el incremento de la producción agrícola y la difusión de la ganadería de camélidos.

Las zonas ubicadas  entre los valles de Virú y Huarmey presentan una característica simi- lar. Asentamientos por lo general pequeños y dispersos, con ambientes aglutinados, cons- truidos de quincha o de piedra con argamasa de barro. la aparición de fortificaciones en lugares estratégicos es una de las características más destacadas para la época: imponentes recintos fortificados, ubicados siempre en lugares estratégicos, sobre todo en las cimas de cerros que rodean los valles. Estas “fortalezas”, como Chankillo en Casma o Castillo de Am- panú en Culebras cumplían el papel de templos, refugios en caso de conflictos y guerras, y posibles observatorios astronómicos. Los asentamientos de la época son por lo general pequeños y dispersos, con ambientes aglutinados e incluso compuestos de simples corta- vientos, salvo el caso excepcional del sitio Cerro Arena en el valle bajo de Moche, con más de 2000 estructuras de piedra distribuidas  sobre más de 2,5 km2.

Estos importantes cambios sociales ocurridos en los tres últimos siglos a.C. está reflejada en la iconografía. desaparecen casi totalmente los motivos basados en la ideología religiosa chavín-cupisnique, dando lugar a nuevos motivos relacionados con una clase de élite gue- rrera. en la sierra, este cambio se manifiesta con la aparición de cerámica con decoración pintada blanco sobre rojo y desaparición  de los motivos  chavín. La diversidad  en los estilos de cerámica producida sin uso de molde ni paleta (Salinar/Puerto Morrín, Vicús temprano, Layzón, Cajamarca inicial, Virú temprano, Huaraz Blanco sobre rojo; entre otros), sugiere una marcada fragmentación política representada por comunidades  locales con autoridades independientes, encontrándose en un estado de conflicto permanente con el fin de ganar la hegemonía a nivel local. la cerámica  es de muy bajo nivel artístico, básicamente burda, de cocción oxidante, a menudo decorada con círculos estampados o el patrón bruñido. otros artefactos característicos para el período Ampanú son las puntas de pizarra.

1 Comentario

  1. Me ha parecido uno de los artículos que hablan del colapso CHAVIN y de las Culturas del Formativo Final que más me han aportado de los últimos tiempos. Es por eso , que me gustará conocer al autor o autores del mismo ya que no está firmado por nadie físico.

    Primero, la prevalencia CUPISNIQUE sobre CHAVIN tanto social, como política, como económicamente y el decirlo con la contundencia con la que se hace , me ha sorprendido gratamente. Porque ya stámbien de decir estilo CHAVIN a unas cerámicas que sabemos que son sobriamente Cupisnique.

    Segundo, la aparición en escena de los GUERREROS está bien fundamentada y la explicación de cómo cambian las sociedades post CHAVIN y los conflictos que se originaron no esta bien difundida académicamente y el articulo sí lo hace.

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